El Buesa Arena, se encuentra en el centro del debate por el conflicto en Gaza en Vitoria-Gasteiz aunque también se ha trasladado a otros puntos de Araba. El movimiento BDS, la plataforma de sanitarios Al Ahli Arab, EH Bildu y Elkarrekin Podemos IU han unido sus voces ante las Juntas Generales de Álava. ¿El motivo? Exigir que no se cedan instalaciones públicas como el pabellón Buesa Arena para los próximos partidos de Euroliga contra los equipos israelíes Hapoel y Maccabi de Tel Aviv, previstos para finales de marzo y principios de abril.
Deporte, política y el peso de la Hasvará
Para estos colectivos, los clubes no son simples entidades deportivas. Denuncian que el Maccabi funciona como un embajador del régimen, recordando su historial de campañas de apoyo al ejército israelí en ofensivas pasadas y presentes. Por su parte, el Hapoel, liderado por el magnate Ofer Yannai, es señalado por financiar fundaciones de apoyo a soldados involucrados en la actual masacre en Gaza. El texto subraya que la Euroliga es una iniciativa privada donde la promoción económica corre a cargo de la Hasvará, el órgano de propaganda del gobierno israelí, lo que convierte estos encuentros en actos de legitimación política más que en meros méritos deportivos.
El dilema de la responsabilidad institucional
La polémica escala al terreno de la ética pública. Aunque el Baskonia ha decidido jugar a puerta cerrada, los movimientos sociales consideran que la medida es insuficiente y solo sirve para «blindar» la presencia sionista. Señalan directamente a la Diputación de Álava: como propietaria del pabellón, creen que tiene la «llave» y la responsabilidad histórica de impedir que un espacio de todos se convierta en cómplice de un genocidio que ya suma decenas de miles de víctimas civiles. Mientras el PNV, PSE, PP y Vox han rechazado previamente estas peticiones, los impulsores de la protesta insisten: en tiempos de horror, mirar hacia otro lado es una forma de participación.
Txomin Ruiz.

