No es broma ni inocentada: en muchos hogares de Kripan, la última noche del año termina con una tradición tan singular como entrañable: “comer a los santos”. Tras la cena familiar de Nochevieja, los mayores del pueblo recuerdan cómo, hace décadas, se reunían alrededor de la mesa para despedir el año con un ritual que mezclaba devoción, azar y risas.
La costumbre consistía en escribir en papelitos los nombres de aquellos santos y santas a los que la familia profesaba especial cariño. Los papeles se doblaban y se introducían en una (o dos) boinas. Cada comensal sacaba dos papelitos al azar, los abría… y se los comía, acompañados de algún dulce navideño. De esta forma, los santos asignados por sorteo se convertían durante todo el año siguiente en los “abogados” particulares de cada miembro de la familia, a quienes se encomendaban en las oraciones y peticiones de protección.
Entre los nombres más habituales figuraban san Tirso (patrono histórico de Kripan), san Sebastián, san Prudencio, san Ignacio, san Francisco Javier, san Martín, san Blas, san Juan, san Miguel, san Andrés o san Silvestre. En el caso de las mujeres, aparecían santa Ana, santa Lucía, santa Cecilia, santa Águeda, Nuestra Señora de Estíbaliz, la Virgen de Begoña o la Virgen del Carmen, entre otras.
San Silvestre un santo temido
Pero había un santo que nadie quería sacar: san Silvestre. A quien le tocaba en suerte debía pagar los pasteles, el turrón y la botella de licor que la familia consumiría esa misma noche para brindar por el Año Nuevo. “Temían a san Silvestre más que por el número de ojos que tenía el hombre que iba a venir con más ojos que días que tenía el año”, bromean los mayores, “porque había que correr con todos los gastos de la velada familiar y gastronómica”.
Lucía Loero, la mujer más longeva de Kripan con 93 años recién cumplidos, recuerda con nitidez como nos contaba días atrás que se utilizaban dos boinas: una con nombres de santos varones y otra con santas femeninas. “Cada uno sacaba uno de su boina correspondiente”, explica. “Y al que le tocaba san Silvestre… le tocaba pagar los postres para despedir el año”.
La tradición fue recogida en los años 90 por el folklorista José Ángel Chasco y transmitida por vecinos como Carmelo Marañón Calleja (1915-?) y Jacinto Marañón Infante (1927-2017). Aunque hoy se practica en menos hogares, costumbres similares se conservan en otros pueblos de la zona, como Lagrán, Apodaka, Busto, Villanueva de Tobera, Solchaga o San Martín de Unx (Navarra).
Una forma única y tierna de unir fe, familia y humor para recibir el nuevo año que, en palabras de los mayores de Kripan, “hacía que la Nochevieja fuera aún más especial”.
Txomin Ruiz.

