
Este viernes las Juntas Generales de Álava tienen cita con la historia, o eso dicen unos y otros, según a quién se le pregunte. Se aprueba definitivamente la nueva Norma Foral de Concejos, la que va a regir la vida de las 333 entidades locales del territorio durante los próximos años. La anterior databa de 1995, así que sí, hacía falta ponerla al día. Lo curioso es que, a la hora de valorar el resultado, PP y EH Bildu parecen estar hablando de dos normas completamente distintas.
Para el PP, un texto «de todos y para todos
Desde el Partido Popular la cosa se cuenta con orgullo de trabajo bien hecho. Su secretaria general en Álava, Ana Salazar, presume de que la norma llega consensuada por la mayoría de los grupos y de que mantiene intacta «la esencia» del texto original mientras lo dota de herramientas nuevas. Entre los cambios que destacan: más facilidades para el padrón concejil (con prioridad para jóvenes agricultores y ganaderos), permisos laborales y dietas para quienes se dejan la tarde en un concejo de forma voluntaria, la creación de un órgano de buen gobierno y hasta un lenguaje inclusivo de arriba abajo. Ah, y un golpe directo: recuerdan que EH Bildu no ha presentado ni una sola enmienda al texto final, algo que interpretan como una señal más que elocuente.
Para EH Bildu, la gran oportunidad perdida
Al otro lado del pasillo la lectura es radicalmente distinta. EH Bildu habla de un pacto entre PNV, PSE y PP que ha tirado por tierra las mejoras sustanciales que ellos mismos habían acordado hace un año con el Gobierno foral, un acuerdo que llegó a contar con el respaldo de tres cuartas partes de la cámara. Su procurador, Javier Argote, lo resume sin anestesia: los concejos quedan como «entidades menores de edad», incapaces de administrarse por sí mismas, y denuncia que la norma tampoco ayuda a normalizar la toponimia en euskera. La conclusión que sacan es contundente: para el bloque PNV-PP-PSE los concejos serían poco más que «folclore alavés».
Entre medias, 333 concejos que simplemente querían saber si podrán cobrar unas dietas, tener un «fiel de fechos» ( sujeto habilitado para ejercer las labores de escribano en aquellas localidades donde no había), con menos líos y no depender de una lista cerrada para votar en sus elecciones. Sea como sea, este viernes queda escrito el nuevo mapa de reglas para el rincón más pequeño y, muchas veces, más olvidado de nuestra administración.
Txomin Ruiz.