Labraza no se rinde. El pueblo más pequeño de Araba –cincuenta vecinos y siglos de historia– ha dicho basta a la central eólica que Aixeindar S. A. –60 % Iberdrola, 40 % Ente Vasco de la Energía– quiere implantar a escasos metros de sus casas. Rechazan el zumbido permanente, las sombras parpadeantes, la deforestación y el paisaje destrozado, pero, sobre todo, rechazan la estafa de una “transición energética” que solo transita hacia el balance de resultados de un oligopolio.
“No venimos a pedir parches, venimos a echar abajo el proyecto”, resume el Concejo de Labraza. Desde 2021 alertan de que el macro-parque –ocho aerogeneradores de 200 metros– convertirá el valle en una plataforma industrial, afeando la Reserva de la Biosfera de la Rioja Alavesa y acabando con la avifauna y los viñedos que sustentan la economía local.
La incoherencia de EH Bildu
La respuesta institucional ha sido, denuncian, un “paseíto” de la pelota: el PNV lo impulsó desde la Diputación, el PSE desde la anterior alcaldía de Oión y EH Bildu, que ganó las elecciones opositando al parque, ahora alega “imperativo administrativo” para seguir adelante con los votos de PNV y PP. “No hay tal obligación –insisten los vecinos–; el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco ya ha admitido los recursos contra la autorización”.
Por eso el pueblo ha convocado una jornada de solidaridad para el próximo 13 de diciembre. Será una fiesta de resistencia: rutas guiadas por la sierra, mercado de productores, talleres infantiles, música y una comida popular bajo el lema “Labraza decide, Labraza defiende”. La cita, apoyada por las plataformas Arabako Errioxa Bizirik, Mendiak Aske y pueblos vecinos, aspira a convertirse en el acto de desobediencia rural más multitudinario de Euskal Herria este año.
Brisa libre, sin dueño
“No luchamos contra las renovables, luchamos contra el robo del territorio y la mentira verde”, subrayan. Exigen al Ayuntamiento de Oión que suspenda toda obra hasta que la justicia se pronuncie y reclaman una moratoria regional de los macro-parques eólicos “que están colonizando el rural vasco sin consultar a quien lo habita”.
Labraza, con sus calles empedradas y su muralla medieval, se ha convertido en la última trinchera de una Europa que debate entre la soberanía energética y la dictadura del beneficio. El 13-D el pueblo será un clamor: “El viento es de todos, el negocio es de unos pocos. Aquí se para”
Txomin Ruiz.

