📌’Rioja Alavesa, tierra de mujeres con raíces profundas y futuro en la vendimia’

Hay tierras que se entienden mejor cuando las miras con los ojos de quien las trabaja. Y en Álava, esas tierras hablan en femenino. Por eso, la jornada “Mujeres: raíz y tierra” no ha sido un acto más. Ha sido un encuentro de verdad, de esos donde las sillas se llenan de historias reales, de esfuerzo compartido y de futuro sembrado a manos llenas.

Organizada con motivo del Año Internacional de la Agricultora 2026 —declarado por la FAO—, la cita en la capital alavesa ha querido poner el foco donde casi siempre ha estado, aunque no siempre se haya visto: en las mujeres que madrugan, que gestionan, que innovan y que, sobre todo, sostienen.

El campo alavés tiene futuro si cuenta con todas las personas que lo hacen posible

La diputada foral de Agricultura, Noemí Aguirre, ha abierto el acto con una idea clara y bonita a la vez: hablar del sector agrario es hablar de producción, sí, pero también de personas. Y ha reivindicado que una explotación agraria no es solo un lugar de trabajo, sino “una empresa, territorio, familia y futuro”.

Con un tono cercano y firme, Aguirre ha recordado los grandes retos del sector —costes, sostenibilidad, digitalización, nuevos hábitos de consumo y, sobre todo, relevo generacional— y ha subrayado un dato esperanzador: “Las mujeres agricultoras y ganaderas han estado siempre en la raíz del campo alavés, y hoy están demostrando también una capacidad enorme para emprender, diversificar y profesionalizar la gestión”.

En Rioja Alavesa, esa realidad se palpa. Allí, mujeres como Ángela Bello, de la Bodega Bello Berganzo en Samaniego, representan a una nueva generación que apuesta por el enoturismo, la comercialización directa y el orgullo de lo pequeño y bien hecho.

Cuatro mujeres, cuatro formas de querer la tierra

La parte más especial de la jornada llegó con un coloquio íntimo y revelador. Cuatro mujeres, cuatro trayectorias muy distintas, pero con un hilo invisible que las une: la pasión por lo que hacen y la certeza de que el medio rural no es el pasado, sino el futuro.
Isabel Berganza, nacida en Antezana de la Ribera, narraba cómo compaginó la crianza de sus hijos con el trabajo en el campo y cómo en 2002 puso en marcha un agroturismo que hoy sigue en manos de su familia.  Nieves Quintana, agricultora en Otazu y toda una referencia en la defensa del papel de la mujer en el sector, reivindicó algo esencial: “Hay que estar también en los sitios donde se deciden las cosas”.Maider Unda, medallista olímpica en lucha libre, pastora y elaboradora de queso Idiazabal en Oleta, sorprendió al contar cómo convive el deporte de élite con el día a día en el caserío. “El esfuerzo no entiende de disciplinas”, dijo con una sonrisa. Por último
Ángela Bello, desde Samaniego, puso la mirada en el relevo generacional del vino. “Las pequeñas bodegas familiares tenemos mucho que decir. Y nos toca a nosotras”, afirmó.

Todas coincidieron en algo: queda camino por recorrer en visibilidad y reconocimiento, pero el orgullo por el trabajo bien hecho es el mejor motor para seguir.


La Diputación Foral de Álava ha cerrado la jornada reafirmando su compromiso con un modelo agrario vivo, sostenible y con oportunidades reales para las nuevas generaciones. Porque si algo quedó claro es que el campo alavés —y especialmente el de Rioja Alavesa— no solo tiene raíces profundas, sino también brotes verdes llenos de futuro. Y esos brotes, en muchos casos, llevan nombre de mujer.



Txomin Ruiz.

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