
Moreda habla con acento propio. El castellano de sus vecinos viene sazonado con un deje navarro-riojano que delata sus raíces, y en el habla coloquial de los mayores pervive todo un vocabulario del dialecto riojano, heredero del romance navarroaragonés y, en última instancia, del latín vulgar. Un léxico vivo, sabroso y genuino que el etnógrafo José Ángel Chasco Oyón ha tenido el acierto de recopilar antes de que el tiempo lo borre para siempre.
Un glosario con sabor a viña y a matanza
Las palabras reunidas son, según señala Chasco, un espejo fiel del mundo rural que fue. Términos como «camporta» (recipiente de madera para transportar la uva), «corquete» (hoz pequeña para vendimiar), «alforín» (lugar donde se almacenan las aceitunas antes de ser procesadas) o «zurracapote» (vino dulce de fiestas elaborado con canela, azúcar y cáscaras de limón) hablan de una vida organizada en torno a la vid, el olivo y el campo. No faltan, apunta este etnógrafo, los vocablos para regañar con gracia —»ababol», «babute», «tontolaba»— ni los curiosos términos del ciclo ganadero, como las voces para guiar a las caballerías: «güayau» para ir a la derecha y «güesque» para la izquierda. También asoman palabras que describen fenómenos naturales, como «yasa» (riada con barro tras una tormenta) o «ayasar» (desbordarse un río), junto a expresiones de la vida doméstica y festiva como «revelicias» (lanzar monedas y caramelos en los bautizos) o «robla» (comida festiva al terminar de construir una casa).


El euskera, presente en la toponimia
Del vascuence apenas quedan huellas en el habla cotidiana de los mayores, aunque sí en los nombres del territorio, como recuerda Chasco Oyón. El topónimo «Larrén» podría derivar de «larra» (pasto) o «larrín» (era de trillar), y «Ondalán» podría combinar la raíz latina «unda» con el vasco «lan» (trabajo). Las generaciones jóvenes, sin embargo, sí están acercándose al euskera batua, que ya aparece en cantos de iglesia, ferias y celebraciones culturales del pueblo, algo que este estudioso valora positivamente.

1988): guarda de campo de Moreda
Moreda: un nombre con raíces de dos mil años
El propio nombre del pueblo encierra siglos de historia. La etimología más aceptada, defiende Chasco, lo deriva del latín «morus» (moral) más el sufijo abundancial «-eda», con el significado de «lugar poblado de morales y zarzamoras», interpretación que comparten filólogos como Patxi Salaberri y Pancracio Celdrán. Otros estudiosos apuntan a una raíz prerromana «mor» con el sentido de elevación del terreno, o incluso al hidrónimo «morea», alusivo a terrenos húmedos y encharcados. El nombre ya aparece documentado en el año 934 como «Rivo de Moreta» y no recibió su forma actual —Moreda de Álava— hasta 1916, cuando la Real Sociedad Geográfica lo diferenció del resto de los veinte pueblos españoles que comparten ese mismo nombre. Unas confusiones que, como asegura con humor este etnógrafo, siguen ocurriendo hoy en día, según ilustra una divertida anécdota reciente con unas maletas extraviadas.
Txomin Ruiz.
(Fuente: blog moredaaraba.blogspot.com, José Ángel Chasco Oyón, noviembre 2025)