
Charo todavía sigue asimilando lo vivido ayer. Lo cuenta con esa mezcla de incredulidad y ternura que solo aparece cuando algo te supera para bien. Dice que no tiene palabras, pero en realidad las tiene: todas son de agradecimiento. A quienes madrugaron, a quienes corrieron, a quienes caminaron, a quienes simplemente se acercaron a animar. Familias enteras, cuadrillas de amigos, vecinos de Labastida y de los pueblos cercanos… gente que, de una manera u otra, forma parte de su vida. Muchos se apuntaron sin saber muy bien qué se estaba organizando, pero confiaron en ella. Y eso, asegura, es algo que no olvidará.
La respuesta fue abrumadora: más de 300 dorsales repartidos, cerca de 40 dorsales cero, casi un centenar de camisetas vendidas y una recaudación que roza los dos mil euros. Pero para Charo, más allá de las cifras, lo importante fue la sensación de comunidad, de estar todos remando en la misma dirección por una causa que toca de cerca, y por supuesto también un especial reconocimiento para todos los voluntarios que contribuyeron con su presencia ayer tanto en la plaza de la Paz como a lo largo de los diferentes recorridos de la carrera y de las marchas.

El mérito de un pueblo… y de una mujer que no se rinde
Quienes la conocen saben que Charo ha estado al pie del cañón desde el primer día. Sin experiencia previa, sin saber muy bien por dónde empezar, pero con una determinación que contagia. Ha movido cielo y tierra, ha pedido ayuda cuando hacía falta y ha sabido unir a un pueblo entero alrededor de una causa que también es la suya. Porque ella padece lo mismo que visibiliza, y aun así —o quizá por eso— ha sido capaz de transformar su preocupación en un impulso colectivo.
Ayer, Labastida respondió como solo responden los pueblos que sienten suyo lo que ocurre en casa: con generosidad, con cariño y con una entrega que emocionó a cualquiera que estuviera allí. Y aunque Charo no se atreve a prometer nada, todos comparten el mismo deseo: que esta marcha vuelva. Que lo de ayer no sea un final, sino un comienzo. Porque lo que ocurrió entre viñas, bajo el sol y con el Toloño vigilando desde arriba, ya forma parte de la memoria de todos.
Zorionak Charo!
Txomin Ruiz.