
Carmelo Bujanda, un vecino de Labraza, ha escrito un alegato que mezcla Quijote, barroco y Odisea para retratar la resignación de un pueblo al que le han crecido los gigantes en casa.
Los molinos ya se están levantando sobre Labraza y hay quien, desde el pueblo, ha decidido que si le toca mirarlos cada mañana, al menos lo dirá bien alto. Carmelo Bujanda Requibátiz firma un texto que ha circulado estos días y que en la redacción hemos leído con una mezcla de sonrisa y de rabia contenida.
Bujanda arranca dándole la vuelta al Quijote: pudo ser la respuesta del hidalgo a Sancho, «eran (son) gigantes y no molinos». Es, dice, lo que a los labraceños no les queda más remedio que aceptar desde hace unos días. Y añade con ironía que esos gigantes, desde su «engañosa blancura», pintan ahora las melenas del León Dormido.
Cuatro gigantes de piedra contra los de 200 metros
El autor pone el contraste sobre la mesa. Hace más de 250 años, los Beratua levantaron cuatro gigantes de verdad, de piedra, en menos de 15 kilómetros sobre el Ebro: las torres Gemelas de Logroño, la de Oion y la humilde y airada torre de Labraza. Hoy, lo que se concentra sobre el pueblo son molinos de 200 metros. Con guasa, Bujanda apunta que quizá dentro de unos años los veamos en los manuales de arte, y deja un «ojalá» doble para que los cernícalos aprendan a esquivar las aspas y el buitre encuentre dónde plantar su atalaya entre tanto torbellino.

Sirenas con tarifa especial
El tramo más afilado llega con la Odisea. Los labraceños, como Ulises, atados al mástil, llevan tiempo oyendo el canto de las sirenas de una propaganda «subyugante»: ventajas financieras, descuentos, tarifas especiales, luz casi gratis y «dineros varios». Y aun regresando a su Ítaca particular, lo que oyen es ruido, mucho ruido, y no precisamente de sirenas.
La conclusión no tiene nada de sumisa. Los vecinos, asegura, resisten «desde la resignación, sin conformarse, sin someterse, sin entregarse», renunciando a un beneficio en favor de la comunidad. Ni rendidos ni comprados, vamos.
Txomin Ruiz.