📌’Por diez centímetros de techo: Elciego celebra los 90 años de sus escuelas con visitas teatralizadas’

Elciego vuelve a poner en pie su historia, y esta vez lo hace desde la escuela. La compañía Sapo Producciones estrena el próximo 26 de septiembre una nueva edición de su visita teatralizada por el pueblo, que se repetirá los sábados 3, 10, 17 y 24 de octubre, siempre a las 12:00, arrancando en la plaza. Detrás del proyecto están solo dos actores, Alex y María, que se reparten todos los personajes de una ruta que este año viene con casi todo el guion renovado, aunque mantiene el esqueleto de la edición anterior: en Sapo prefieren estirar cada producción dos temporadas, porque, como explican, al público no siempre le da tiempo a verla el primer año.

Un homenaje a los maestros y maestras que pelearon por la escuela pública

La propuesta llegó por encargo de la Oficina de Turismo de Elciego, que quería aprovechar el 90 aniversario del edificio de las actuales escuelas para contar cómo se llegó hasta el según nos cuenta María Martínez Losa, una de los dos actores de esta visita teatralizada de Elciego (el otro es Alex), coprotagonista junto a ella de la ruta.»

La visita arranca con una escena de improvisación pura en la plaza —nunca sale igual dos veces, asegura la propia María— que sitúa al público en la fundación del pueblo. De ahí se salta al siglo XVIII, cuando Elciego ya destacaba por defender la educación pública: fueron los propios vecinos quienes, mediante una especie de impuesto vecinal, costeaban el sueldo de unos maestros que hasta entonces trabajaban prácticamente gratis, sostenidos solo por la buena voluntad o por la Iglesia.

El edificio de la escuela pública de Elciego celebró su 90 aniversario el 31 de mayo de 2025, conmemorando los noventa años transcurridos desde la inauguración del edificio escolar original el 20 de mayo de 1934 (durante la Segunda República).

El nudo de la historia, y la escena más larga de toda la ruta, llega con un personaje real de finales del siglo XIX: una maestra que se encontró con 120 alumnos de todas las edades metidos en una sola aula prestada, sin edificio propio, dando clase un día en la iglesia y otro en el Ayuntamiento según lo que le dejaran libre. Ella fue quien reivindicó unas escuelas graduadas, con un aula por edades y un patio cubierto, porque en Elciego llovía demasiado como para no tenerlo.

Consiguió que se las autorizaran, pero cuando los técnicos vinieron a inspeccionar el edificio, apenas una semana antes de empezar el curso, descubrieron que a una de las aulas le faltaban diez centímetros de altura de techo. Por ese detalle, se las cerraron. La maestra sale del despacho donde acaban de darle la noticia y, según cuenta el propio monólogo, promete entre lágrimas y rabia que «por mis ovarios» habrá escuela en un año. Y la hay: puso la primera piedra un 20 de mayo, y un 25 también de mayo del año siguiente se inauguraba el edificio que hoy sigue en pie.

Un final que convierte al público en protagonista

La cuarta y última escena, dividida en dos partes, traslada a los asistentes hasta el patio del colegio para recrear el día previo a aquella inauguración de 1934. Con la excusa de «ayudar a ensayar el acto de mañana», el público se convierte en reparto: alguien hace de alcalde de Vitoria, otro de gobernador civil, y no falta quien recite un discurso entre risas generales. El cierre llega con Alex cantando en directo *El Relicario*, una canción cuya letra repasa, sin que el espectador se dé del todo cuenta, todo lo que se ha contado durante la hora y pico de visita.

Las entradas cuestan 6 euros, con acceso gratuito para los menores de 7 años, y pueden comprarse escaneando el código QR del cartel o directamente en la Oficina de Turismo de Elciego (info@elciego.es / 945 606 632), que es también el punto de encuentro para arrancar la ruta.

Txomin Ruiz.

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