📌’Caminos que no olvidan: noventa años después, la senda de la Traición sigue llena de flores

Hay caminos que no se borran, uno de ellos bordea la carretera nacional 124, cerca de El Campillar, en Rioja Alavesa. La gente lo llama la senda de la Traición. Un nombre duro, casi cruel, pero que dice la verdad de lo que allí ocurrió.

El 25 de julio de 1936, en este mismo lugar, tres vidas se apagaron de golpe. Juan Larreta Larrea, maestro y director de las escuelas de Treviana. Antonio Bombín Hortelano, el fraile franciscano que todos conocían como el padre Bombín. Y un joven cuyo nombre el tiempo aún no ha devuelto.

Juan había nacido en Navarra, pero desde 1922 vivía y enseñaba en Treviana. El padre Bombín también era de allí. Los dos compartían algo que, en aquellos días, se pagaba caro: un compromiso claro con las ideas socialistas. Eso bastó para que el odio los señalara y los llevara hasta esta senda.

Flores contra el olvido

Han pasado noventa años exactos. Ayer se cumplió la cifra. Hoy, al pasar por el lugar, el camino olía a flores frescas. Ramos dejados por familiares, por amigos, por vecinos de la comarca. Gente que no ha querido que este recuerdo se apague. Gente que, en silencio, sigue acercándose.

Durante décadas casi nadie habló de ellos. El silencio fue largo y pesado. Hasta que Asun Larreta, nieta de Juan, decidió buscar. Durante años removió papeles, recuerdos y silencios. Quería saber qué había pasado con su abuelo. Quería devolverle un nombre y un lugar.

Su empeño llegó lejos. El 15 de diciembre de 2024, Gogora —el Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos del Gobierno Vasco—, el Gobierno de Navarra, la asociación Barranca de Logroño y el Ayuntamiento de Laguardia se unieron para rendirles homenaje. Por fin.

Memoria que nunca muere

Desde entonces hay algo permanente en el lugar. Una placa entre las piedras donde cayeron. Un tótem junto al camino con sus nombres. Una forma sencilla y poderosa de decir: aquí estuvieron, aquí los mataron, y aquí los recordamos.

El homenaje llegó tarde. Más de ochenta años después. Pero llegó. Y ayer, al cumplirse los noventa, las flores lo confirmaron: la memoria sigue viva. No solo en las placas y los tótems. También en quienes se acercan, dejan un ramo y se van en silencio.

Hay caminos que caminan solos con su memoria a cuestas. La senda de la Traición es uno de ellos. Y mientras haya alguien que deje flores, esa memoria seguirá caminando.

Txomin Ruiz.

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