
Cyprien Melibi, párroco de Laguardia y camerunés de nacimiento, ha regresado tras un verano intenso en su país natal, donde ha hecho entrega de las donaciones recogidas en Álava para su proyecto Educamerún. La iniciativa, que arrancó en febrero con el apoyo de entidades como la Fundación Vital (una docena de mochilas) y la Escuela de Fútbol del Alavés (más de 250 camisetas), ya beneficia a 125 niños y niñas camerunesas con becas escolares y campamentos de verano. Hemos charlado con él para que nos haga balance de la experiencia y nos cuente hacia dónde camina ahora esta obra que lleva su nombre.
P: Padre Zipri, ¿con qué sensación ha vuelto este año de Camerún?
R: Ante todo, quiero agradecerte la oportunidad de hablar de Educamerún, y felicitarte por la labor que haces dando a conocer la vida de Rioja Alavesa. De mi estancia regreso con una doble sensación: el cansancio físico de un esfuerzo fuera de lo habitual, y la satisfacción de haber cumplido con lo que llamo «la compasión samaritana». Este año hemos tenido el triple de niños y jóvenes de los que habitualmente acompañamos en vacaciones.
La Fundación Vital, la Escuela de Fútbol del Alavés y decenas de voluntarios anónimos han convertido Rioja Alavesa en un aliado clave del proyecto. El propio Melibi lo reconoce sin rodeos: ha sido aquí, entre Vitoria y Laguardia, donde Educamerún ha dado sus pasos más grandes desde que llegó.

P: Cuando reparte las mochilas, las camisetas del Alavés, el material escolar… ¿qué es lo primero que ve en la cara de esos niños?
R: Alegría, la misma que se ve en las fotos que publicamos en redes. Pero también veo la determinación de una juventud que quiere comprometerse con levantar África. Mandela decía que la educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo, y esa frase inspira nuestro proyecto. En el himno que compuse en 2020 para la asociación cantamos: «Nos comprometemos a transformar para bien nuestro hermoso continente». Los niños lo cantan constantemente, y creo que van interiorizando su significado.
P: Usted decía que si el Papa habla de la globalización de la indiferencia, usted también debe hablar. ¿Qué le diría hoy a quien todavía mira para otro lado?
R: Esas palabras de Francisco me inspiraron para escribir mi libro Grito africano por el derecho a existir (2.ª edición, Tirant Humanidades, 2025). La actualidad le da la razón al Papa, pero junto a la indiferencia también existe una minoría que se preocupa por hacer más agradable la vida de quien sufre. Ahí, modestamente, Educamerún lleva ya más de 15 años dando sus pasos.
P: ¿Hay algún niño o alguna familia de este verano que se le haya quedado especialmente grabado?
R: Una niña del campamento cuyo nombre no apareció en la lista de mochilas por un error de secretaría. Lloraba desconsolada, y ningún consuelo servía. Días después tuve que ir hasta su ciudad para entregársela en persona. Estaba tan orgullosa que les decía a sus amigas que era la única del barrio que había recibido la visita del sacerdote.

De los cien niños que acompañaba en Estíbaliz a los más de trescientos actuales, Educamerún ha triplicado su alcance desde que el Padre Zipri llegó a Laguardia. Detrás de cada mochila hay una historia y un compromiso que este sacerdote camerunés sostiene, con paciencia y fe, desde hace más de quince años.
Una obra que crece a golpe de compasión samaritana
P: De los cien niños que acompañaba en sus primeros años en Estíbaliz a los más de trescientos actuales, Educamerún ha triplicado su alcance desde que el Padre Zipri llegó a Laguardia. Detrás de cada mochila entregada hay una historia, una familia y un compromiso que este sacerdote camerunés lleva sosteniendo, con paciencia y fe, desde hace más de quince años.
P: Educamerún ya apoya a más de 300 niños y niñas. ¿Se imaginaba que llegaría hasta aquí?
R: El proyecto nació en mis primeros años de sacerdocio, muy cerca de las familias. Me llamó la atención ver niños inteligentes tanto en familias ricas como pobres, pero solo los primeros podían estudiar en los mejores colegios. Cuando descubría talento en una familia modesta, me comprometía a ayudar a ese niño a estudiar. En 2013 fundamos AFAM junto a los padres, y con el apoyo de la Fundación Adviser Humana empezó a tener más visibilidad. En 2022, al llegar a Vitoria, pasó a llamarse Educamerún. «Quiero agradecer a mucha gente: la Fundación Adviser Humana, mis amigos de Murcia y Bilbao, Espacio Ronda de Madrid, Cáritas Rioja Alavesa, el alcalde de Laguardia, los «Voluntarios de Educamerún de Laguardia», la embajada de mi país en Madrid, y tantas personas anónimas de aquí.»
P: ¿Qué le supone ser puente entre dos mundos tan distintos y a la vez tan cercanos en generosidad?
R: La fe cristiana consiste en hacer de todos los seres humanos hermanos en Dios, y Jesús hizo de la «opción preferencial por los pobres» una prioridad de su ministerio. Por eso aquí no me considero ante todo un sacerdote camerunés, sino un sacerdote de la Iglesia. Si a alguien esto le genera un problema, lo único que puedo hacer es seguir siendo su pastor y quererle con corazón de padre.
Rioja Alavesa, motor de un salto de gigante
P: La Fundación Vital, la Escuela de Fútbol del Alavés y decenas de voluntarios anónimos han convertido esta comarca en un aliado imprescindible del proyecto. El propio Melibi lo reconoce sin rodeos: ha sido aquí, entre Vitoria y Laguardia, donde Educamerún ha dado sus pasos más grandes.
P: Álava le ha respondido: la Fundación Vital, la Escuela de Fútbol del Alavés, tanta gente anónima. ¿Qué les diría?
R: Estoy muy agradecido. He hecho amigos sinceros en muchas partes del mundo, pero ha sido aquí, en Álava, donde el proyecto ha dado un salto enorme. En 2022, en Estíbaliz, teníamos un centenar de niños y unos cincuenta becarios. Al año siguiente, ya en Laguardia, duplicamos esas cifras. Ahora las hemos triplicado. Rioja Alavesa ha hecho que Educamerún dé pasos de gigante.
P: La entrega de este año la presidió el Vicario General de la Diócesis de Obala.
¿Qué sintió al ver ese gesto?
R: Mons. Luc Onambélé es amigo de muchos años, compañero de estudios en Pamplona. Nos acompañó y orientó excelentemente durante la estancia en la parroquia de Efok, que además celebraba su centenario. Todos los participantes sintieron su cercanía, tanto en sus enseñanzas como en las celebraciones.
Entre la parroquia, una tesis doctoral recién terminada y los viajes a Camerún, el Padre Zipri organiza su vida con la disciplina de quien sabe administrar bien el tiempo, igual que la solidaridad. Y aun así, siempre encuentra un hueco para una copita de vino de Rioja al llegar a casa.

De vuelta a casa, con el corazón repartido en dos continentes
P: Entre la parroquia, una tesis doctoral recién terminada y los viajes a Camerún, el Padre Zipri organiza su vida con la disciplina de quien sabe que el tiempo, como la solidaridad, hay que administrarlo bien. Y aun así, encuentra siempre un hueco para una copita de vino de Rioja al llegar a casa.
P: Entre la parroquia de Laguardia y los campamentos en Camerún, ¿cómo evita que el corazón se le parta en dos sitios?
R: Acabo de terminar una tesis doctoral, además de charlas y presentaciones del libro. Soy una persona disciplinada, y mis años de formación me hicieron exigente conmigo mismo, así que organizo bien mis frentes de trabajo. Mi corazón se ha ido formando a través de las «pequeñas muertes» del camino, y ha aprendido a encontrar la alegría donde de verdad está: en Dios.
P: Si tuviera que resumir en una frase lo que este proyecto le ha enseñado sobre la solidaridad, ¿cuál sería?
R: Que Educamerún me ha ayudado a materializar la compasión samaritana: la conmoción, el cuidado, la proximidad y la solidaridad con los vulnerables como parte constitutiva de la praxis cristiana.
P: Después de tantas horas de viaje, ¿qué es lo primero que hace al llegar a casa, en Laguardia?
R: Tomarme una copita de un buen vino de Rioja y echar un vistazo a la agenda de los próximos días.
P: ¿Hay algún plato o costumbre camerunesa que eche de menos aquí, o algo de aquí que se lleve siempre para allá?
R: Me formaron con «estómago misionero»: puedo comer todo lo humanamente comestible. Allí disfruto los platos de mi tierra, y aquí busco ese mismo placer en los platos alaveses y riojanos.
P: Para terminar: si pudiera pedir un solo deseo para Educamerún el año que viene, ¿cuál sería?
R: Que muchas personas tengan el corazón en la mano y colaboren en este proyecto, con el que ayudamos a construir otra África, más digna, y un mundo donde el «sacramento del hermano» se viva con más espontaneidad.
Txomin Ruiz.