
Este pasado viernes, Oion se convirtió en un crisol de lenguas, culturas y esperanza. Más de treinta vecinos y vecinas se reunieron en torno a una misma palabra: euskera. Lo hicieron de la mano de Taupa Euskaltzaleen Mugimendua, con el apoyo de IKA Euskaltegia y Bitartean Jolasean, para celebrar una nueva edición de Auzoko Elkarrizketak, un espacio de diálogo vivo donde la diversidad no solo se respeta, se abraza.
Desde el primer momento, el ambiente fue de cercanía. Se comenzó hablando en castellano, para que nadie se sintiera fuera de lugar. Y así, entre risas, gestos y miradas, se abrió un camino común: el del euskera como lengua de encuentro. No se trataba de saber más o menos, sino de compartir. De escuchar. De estar.
Las dinámicas propuestas —visuales, corporales, llenas de color y movimiento— invitaron a cada participante a contar de dónde venía, qué lenguas habitan en su voz y cómo sueña el futuro de su pueblo. Mapas del mundo, coloreados a mano, se convirtieron en un mosaico de origenes: Marruecos, Alemania, Rumanía, Turquía, Brasil… y también Oion mismo. Porque aquí, en este rincón de Álava, conviven el amazigh, el árabe, el alemán, el portugués, el rumano, el turco, el inglés, el francés… y también el euskera, que se ofrece no como muro, sino como puente.


Julene y Onintza, dinamizadoras del encuentro, guiaron el camino recordando que el euskera no se impone, se acoge. Que no se exige, se comparte. Y que, sobre todo, se construye entre todos. Porque solo desde la convivencia real, desde el día a día, una lengua puede ser verdaderamente viva.
«Nos gusta hacer la entrada en castellano porque a veces cuando vamos a dinámicas así o a charlas a favor de lo espera, hay primero como unos 10 minutos de incertidumbre, la persona ponente hablando solo en el hospital, que no sabes luego lo que va a pasar»
El proyecto Auzoko, que cumple catorce años recorriendo pueblos de Euskal Herria, nació para acercar el euskera a quienes llegan de fuera o a quienes, por distintas razones, no han tenido la oportunidad de sentirlo propio. En Oion, esta edición ha sido posible gracias a una subvención de la Diputación Foral de Álava, pero sobre todo gracias a la ilusión de quienes creen que la diversidad no es un obstáculo, sino una riqueza.
«Lo creamos hace dos años y lo hemos llevado a cabo en Hernani, Getxo, Laudio y ahora en Oion y la idea es ponerlo en marcha también en Vitoria»
Y así, entre juegos, palabras nuevas, gestos de complicidad y miradas de futuro, el euskera dejó de ser una lengua lejana para convertirse en un lugar común. No de imposición, sino de encuentro. No de exclusión, sino de pertenencia.
Porque en Oion, el euskera ya no solo se habla. Se vive. Y se vive mejor cuando se comparte.
Txomin Ruiz.