
*Pueblos de Álava* es un libro que nació del convencimiento de que la historia de una tierra la escriben, sobre todo, sus gentes. Impulsado por el portal pueblosdealava.com de la mano de Inma Roiz e Itziar Herrán, junto a un equipo de historiadores, cronistas, fotógrafos y enamorados de esta tierra, el proyecto rescata las voces que sostienen la memoria de los pueblos alaveses. Fue presentado en Elciego, y no es casualidad: entre sus protagonistas está Marina Rueda, 91 años y una vida que merece ser contada.
Las manos que embotellaron el Rioja
Marina nació en Elciego en 1934, cuando las vides formaban parte del paisaje cotidiano y el trabajo de las mujeres era imprescindible pero invisible. Durante años fue una de las eventuales de El Riscal, la bodega más antigua de Álava, fundada en 1858 y convertida con el tiempo en referente mundial. Allí, junto a otras mujeres llegadas de pueblos cercanos como Navaridas, embotellaba, ponía mallas metálicas y lavaba botellas en una vieja máquina industrial. Ocho horas de jornada y, al volver a casa, fundas de saco para otra bodega, porque el salario nunca llegaba del todo.
Las diferencias entre hombres y mujeres eran enormes y se daban por normales. Ninguna encargada, ningún contrato fijo, ninguna cesta con jamón como las que recibían ellos. Marina lo aceptó durante un tiempo, como hacían todas. Pero algo fue cambiando por dentro. «Acabó por no gustarme», recuerda con esa claridad que dan los años bien vividos.

Un rincón propio en el pueblo
Cumplidos los 50, vio una oportunidad y no la dejó pasar. Abrió la primera degustación del pueblo, un local que abría a las ocho de la mañana con cafés y cerraba a las diez de la noche con las últimas chucherías despachadas a los más pequeños. Sus vecinas, que raramente pisaban los bares del pueblo —un espacio reservado casi en exclusiva a los hombres—, encontraron allí un lugar propio. Un rincón donde estar sin tener que justificarse. «Nunca he sido tan feliz», dice Marina a sus bien llevados 91 años, con una sonrisa que lo explica todo.
Es exactamente el tipo de historia que *Pueblos de Álava* quiere preservar. No las grandes gestas ni los nombres conocidos, sino las vidas de quienes trabajaron, resistieron y construyeron en silencio el carácter de sus pueblos. Las abuelas guardianas de tradiciones, los cronistas altruistas, las mujeres como Marina que supieron reinventarse cuando la vida se lo permitió. Una Álava diversa, dice el proyecto, pero unida por sus protagonistas y su legado vivo.
Txomin Ruiz.