
Cada verano, cuando los campos cerealistas de Álava empiezan a dorarse y las cosechadoras se ponen en marcha, hay una carrera silenciosa contra reloj que se libra entre los surcos. La Diputación Foral de Álava ha puesto en marcha, un año más, su campaña de seguimiento y conservación del aguilucho cenizo y el aguilucho pálido, dos rapaces que eligen precisamente el suelo de estos cultivos para hacer sus nidos, justo cuando llega el momento de la siega. Una iniciativa del Departamento de Desarrollo Económico y Sostenibilidad que busca algo tan sencillo como necesario: que agricultura y naturaleza puedan convivir sin que nadie salga perdiendo.
Ojo avizor en la Llanada, la Montaña y los Valles Alaveses
Aunque el aguilucho cenizo también anida en Ríoja Alavesa, el Servicio de Patrimonio Natural recorre estos meses las zonas cerealistas de la Llanada Alavesa, Montaña Alavesa y Valles Alaveses en busca de nidos, pero no lo hace solo. Necesita los ojos de quienes mejor conocen el terreno: los propios agricultores y agricultoras, a quienes se pide avisar de cualquier hallazgo llamando al 689 23 12 11. En cuanto se localiza un nido, personal técnico de la Diputación se pone en contacto con la persona titular de la parcela para acordar cómo protegerlo, ya sea instalando un cercado, dejando sin segar una franja alrededor del nido o, la opción más efectiva, retrasando la cosecha hasta que los pollos puedan volar.
Y esa colaboración no queda solo en buena voluntad, también se reconoce económicamente. La Diputación paga 50 euros por cada nido detectado, 300 euros si se retrasa la cosecha y hasta 500 euros por reservar una hectárea sin cosechar hasta que las crías se marchen del nido. El año pasado, esta apuesta se tradujo en más de 3.600 euros destinados a estas ayudas.
43 pollos salvados el año pasado, la prueba de que funciona
Los números de 2025 hablan por sí solos: se siguieron 25 nidos de aguilucho cenizo y 4 de aguilucho pálido, y gracias al trabajo conjunto entre técnicos y agricultores se lograron salvar 43 pollos. No es un dato menor si tenemos en cuenta que ambas especies están catalogadas como amenazadas, el aguilucho cenizo (Circus pygargus) como Vulnerable y el aguilucho pálido (Circus cyaneus) como especie de Interés Especial.
Estas rapaces, que anidan sobre todo en cultivos de cebada, avena y trigo, hacen además un trabajo que muchas veces pasa desapercibido: se alimentan de roedores y grandes invertebrados, ejerciendo un control biológico de plagas que beneficia directamente a las propias cosechas. Cuidarlas, en el fondo, es también cuidar el campo.
Desde la Diputación insisten en el mensaje para quienes trabajen estos días en las labores de cosecha: si os encontráis con un nido, no toquéis los huevos ni los pollos, dejad una zona sin segar alrededor y avisad cuanto antes. Un gesto pequeño que, como demuestran los datos, puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte para decenas de crías cada año.
Txomin Ruiz.